El vaticinio del terremoto en Chile. El video se llama Earthquake y es de National Geographic. Aunque, lo aquí vivido sólo fue un cuarto de lo que el documental relata.
viernes 5 de marzo de 2010
jueves 4 de marzo de 2010
Comparto esta notable columna de opinión de Fernando Villegas
Link de la columna
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Publicado en La Tercera, 02/03/2010
El terremoto del sábado ha sido un evento devastador, pero también revelador. Ha sacado a la luz debilidades acumuladas a lo largo de años en el completo edificio de nuestra sociedad, frutos venenosos de políticas -públicas y privadas- y de procesos sociales cuyas semillas se sembraron a partir de 1973, se abonaron en los años sucesivos y se regaron generosamente desde 1990. El resultado es una mezcla explosiva de aspiraciones adquisitivas con una distribución del ingreso que impide a muchos satisfacerlas y de dos generaciones de chilenos pobres -padres entre 25 y 40 años, hijos de entre 10 y 20- criados casi sin control parental ni escolar. A ese combustible se agrega como comburente la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos, las cuales en muchos casos -legales, judiciales, etc- han sido llevadas a tales extremos de lenidad y obsecuencia, que entorpecen gravemente la determinación o voluntad del Estado para preservar el orden público.
De esto último han sido muestra los saqueos masivos. Para describirlos, la autoridad ha usado un lenguaje eufemístico hablando de "delincuentes" y de "lumpen". Eso de por sí ya sería bastante malo, pero los videos y fotografías revelan algo aun peor: protagonistas han sido también y en número abrumador, gente común y corriente, la clase de personas con las cuales usted puede toparse en su oficina o en el bus. En una sociedad sana, el pillaje queda reducido a la acción de delincuentes y también de los ciudadanos más marginales; una sociedad enferma, en cambio, revela lo que vimos, a saber, no sólo que dichos delincuentes y vándalos son legión, sino que también hay cero autocontrol por parte de muchos ciudadanos y cero eficacia de la fuerza policial para controlarlos por mera presencia.
¿De qué extrañarse respecto a esto último? Por 20 años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de "orden público", expresión que a oídos de su gente suena a cavernaria opresión "del pueblo". Todo acto de autoridad rigurosa se convirtió, en ese período, en tabú. En el colegio se deterioró la autoridad de profesores y directores, quienes quedaron a merced de un alumnado dotado de infinitos derechos; en la calle se acusó una y otra vez a la fuerza pública de "excesos", tanto en tribunales como en la prensa, cada vez que encaró con decisión ataques incluso letales contra sus miembros; en el discurso de muchos se legitimó abierta o tácitamente a los "combatientes" con tal que dijeran representar una causa justa; en la justicia se trató con lenidad a asesinos políticos si acaso su background era "la lucha contra la dictadura"; en fin, siempre hubo razones para justificar la conducta antisocial haciendo de sus hechores víctimas inocentes "del sistema".
¿A qué asombrarse entonces que grupos masivos de ciudadanos se crean hoy con derecho al pillaje si se da la oportunidad? ¿De qué pasmarse ante el infantilismo, convertido rápidamente en agresión, con que algunos piden "soluciones" en cinco minutos puesto que fueron criados bajo la doctrina del Estado paternalista, único salvador y defensor de los pobres, como todavía se dijo en la reciente campaña presidencial? Por eso la imagen del carabinero poniendo una pistola en el cuello de uno de los miserables entregados al pillaje es una notable excepción, pero también una muestra de hasta dónde es preciso llegar cuando métodos menos elocuentes ya no hacen mella. Y es una valiente excepción, porque hace ya mucho tiempo que el carabinero teme siquiera levantar la voz, no sea que le abran un sumario, se le eche del servicio y se le lleve a juicio. De eso es muy consciente la inmensa cantidad de ciudadanos resentidos, frustrados y llenos de instintos destructivos y depredadores que ha criado el sistema por las razones expuestas más arriba. Se sienten con esa sensación de derecho a cometer delitos que otorga la impunidad. ¿"Por qué yo no", dijo una mujer que se llevaba objetos robados de una tienda, "si lo hacen todos? Y pudo haber agregado: "y nada nos va a pasar porque somos el pueblo". De ahí que sea la sociedad, no ese punga, quien está hoy con la pistola al cuello. Y que, en la hora mona, deba sacarse al Ejército a la calle.
Por Fernando Villegas
De esto último han sido muestra los saqueos masivos. Para describirlos, la autoridad ha usado un lenguaje eufemístico hablando de "delincuentes" y de "lumpen". Eso de por sí ya sería bastante malo, pero los videos y fotografías revelan algo aun peor: protagonistas han sido también y en número abrumador, gente común y corriente, la clase de personas con las cuales usted puede toparse en su oficina o en el bus. En una sociedad sana, el pillaje queda reducido a la acción de delincuentes y también de los ciudadanos más marginales; una sociedad enferma, en cambio, revela lo que vimos, a saber, no sólo que dichos delincuentes y vándalos son legión, sino que también hay cero autocontrol por parte de muchos ciudadanos y cero eficacia de la fuerza policial para controlarlos por mera presencia.
¿De qué extrañarse respecto a esto último? Por 20 años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de "orden público", expresión que a oídos de su gente suena a cavernaria opresión "del pueblo". Todo acto de autoridad rigurosa se convirtió, en ese período, en tabú. En el colegio se deterioró la autoridad de profesores y directores, quienes quedaron a merced de un alumnado dotado de infinitos derechos; en la calle se acusó una y otra vez a la fuerza pública de "excesos", tanto en tribunales como en la prensa, cada vez que encaró con decisión ataques incluso letales contra sus miembros; en el discurso de muchos se legitimó abierta o tácitamente a los "combatientes" con tal que dijeran representar una causa justa; en la justicia se trató con lenidad a asesinos políticos si acaso su background era "la lucha contra la dictadura"; en fin, siempre hubo razones para justificar la conducta antisocial haciendo de sus hechores víctimas inocentes "del sistema".
¿A qué asombrarse entonces que grupos masivos de ciudadanos se crean hoy con derecho al pillaje si se da la oportunidad? ¿De qué pasmarse ante el infantilismo, convertido rápidamente en agresión, con que algunos piden "soluciones" en cinco minutos puesto que fueron criados bajo la doctrina del Estado paternalista, único salvador y defensor de los pobres, como todavía se dijo en la reciente campaña presidencial? Por eso la imagen del carabinero poniendo una pistola en el cuello de uno de los miserables entregados al pillaje es una notable excepción, pero también una muestra de hasta dónde es preciso llegar cuando métodos menos elocuentes ya no hacen mella. Y es una valiente excepción, porque hace ya mucho tiempo que el carabinero teme siquiera levantar la voz, no sea que le abran un sumario, se le eche del servicio y se le lleve a juicio. De eso es muy consciente la inmensa cantidad de ciudadanos resentidos, frustrados y llenos de instintos destructivos y depredadores que ha criado el sistema por las razones expuestas más arriba. Se sienten con esa sensación de derecho a cometer delitos que otorga la impunidad. ¿"Por qué yo no", dijo una mujer que se llevaba objetos robados de una tienda, "si lo hacen todos? Y pudo haber agregado: "y nada nos va a pasar porque somos el pueblo". De ahí que sea la sociedad, no ese punga, quien está hoy con la pistola al cuello. Y que, en la hora mona, deba sacarse al Ejército a la calle.
Por Fernando Villegas
miércoles 10 de febrero de 2010
Un fantasma que no pasa inadvertido

Marco Antonio Figueroa más conocido como el “Fantasma” Figueroa y actualmente director técnico de la Universidad Católica, una vez más fue protagonista de un hecho inaceptable dentro de una cancha de fútbol. El suceso ocurrió en el partido entre la UC y Palestino disputado en el estadio San Carlos de Apoquindo. Todo comenzó cuando el “fantasma” acusó al “Mortero” Aravena de intervenir en la expulsión de un jugador “católico”, a lo que el DT de Palestino le dijo “¿Cómo le voy a decir eso”, ¡insolente!”, rematando con un “huevón cagao` de la cabeza”.
El DT cruzado se devolvió hasta responder en la cara de Aravena “no estoy hablando contigo huevón, yo soy serio para mis cosas”. Pero el palestinista no se quedó ahí y replicó cun un “yo también soy serio poh culiao”. Y los insultos suman y siguen, llegando inclusos a amenzas de pelea.
Señor Marco Antonio Figueroa, por favor no se siga enredando en discusiones que no sólo lo enlodan a usted; sino que dan una muy mala impresión del fútbol chileno.
A su llegada a las canchas nacionales se decía que era un técnico con glamour por la forma elegante de vestir y el estilo que usted tiene. Eso aún nadie lo pone en duda. Sin embargo, hoy le tienen por ordinario, coquero, le han dicho qué tiene los ojos desorbitados, loco e incluso se ha cuestionado su proceso en la Universidad Católica, pero el otro día tapó algunas bocas con la forma en como paró en la cancha al cuadro cruzado, logrando la clasificación a la fase de grupos ante Colón de Santa Fe de Argentina. Esto puede ser un indicio de un repunte tanto para su equipo como para usted mismo.
Usted es un técnico capaz que no necesita llamar la atención por factores extrafutbolísticos, lo único que tiene que hacer es concentrase en obtener un campeonato que refuerce las convicciones de su proceso en el cuadro universitario.
Lo que hizo su equipo frente a los trasandinos es de lo que usted debe preocuparse y no escatimar en empeño, para seguir brindando show de los buenos. Muy por el contrario, el mal show del que fue testigo no sólo el público asistente al partido de la UC ante Palestino; sino quienes lo vieron por televisión, donde se dijeron de todo usted y el técnico del equipo de colonia, Jorge Aravena no se debe volver a repetir en los pastos locales. Esas imágenes dan la vuelta al mundo y el partido en sí mismo pasa a segundo plano cuando ocurren hechos como éste. Más de alguna vez se le ha escuchado decir en la conferencias de prensa que se le pregunte por cosas de fútbol y no por otros factores. No de pie para otra cosa.
Por favor, siga vistiéndose bien -eso no tiene nada de malo-; sino que por el contrario, eso engalana un poco a los maltraidos técnicos criollos y realza el espectáculo en nuestras canchas. Pero por favor, basta de ofrecer pelea como argumento ante provocaciones inexistentes. Usted tiene argumentos futbolísticos de sobra para desarrolar en cancha, a través del juego de su equipo. No se siga equivocando.
miércoles 3 de febrero de 2010
La democracia de los acuerdos
Sebastián Piñera, una vez electo presidente evocó la “democracia de los acuerdos” que operó en el ejemplar periodo de transición hacia la democracia que tuvo Chile. En el piñerismo pretenden que esta premisa sea uno de los ejes de este nuevo periodo presidencial que vivirá Chile.
La vida está llena de consensos y justamente en eso consiste también la política. Pero esta frase de “democracia de los acuerdos”, es una vuelta al pasado, puesto que ésta tuvo su génesis en el Gobierno de Patricio Aylwin y huele sólo a un cliché político como tantos otros. Un mandato con visión de futuro como el que postula Piñera no puede caer en estos errores comunicacionales de traer al presente frases del pasado, que pueden ser utilizadas en su contra por personeros que ocuparon el poder por casi 20 años y en la última etapa de este periodo nunca la emplearon.
Pero, esta “democracia de los acuerdos” ya fue usada a favor de una oposición que promete ser férrea en su accionar tanto como prometió que iba a solucionar los temas que agobian al país. El caso más reciente es el llamado de Francisco Vidal para intentar lograr el consenso necesario para derogar la Ley Reservada del Cobre, que es la que permite una buena parte del financiamiento del Ejército. El actual ministro de Defensa dijo: “Hemos escuchado la democracia de los acuerdos, ahí hay una oportunidad”.
Sin embargo, como el mismo ministro dijo esta disposición a generar acuerdos como en la transición hacia la democracia es una verdadera oportunidad de construir un país mejor y con altura de miras.
Otro tema de vital importancia para los chilenos y en el cual la Concertación ya ha ocupado “la democracia de loa acuerdos” a su favor es en materia laboral, donde la “reformulación” de las indemnizaciones por años de servicio y la flexibilización laboral son los principales tópicos en discusión.
En definitiva, temas como el fortalecimiento de la educación pública y en general, un mejor sistema de salud y la delincuencia, requieren de esta “democracia de los acuerdos”. El error de evocar esta terminología del pasado ya se cometíó, pero ya no se debe hacer leña del árbol caído; sino que ahora viene algo más complicado. enmendar el error y utilizar “la democracia de los acuerdos “ a favor, generando acuerdos que permitan un país más desarrollado.
El llamado es no sólo a Sebastián Piñeraa no seguir cometiendo errores; sino que también a esta nueva oposición, para que en vez de utilizar de forma maliciosa este concepto, lo adopte para lograr un mejor entendimiento. Un error a veces puede ser un acierto y una oportunidad.
lunes 25 de enero de 2010
Macul figura en el quinto lugar de las comunas con más stock
De todas las comunas del gran Santiago, Macul es la que figura en el quinto lugar con más departamentos nuevos en venta, concentrando el 12, 5% de la oferta, luego de San Miguel, Las Condes, ñuñoa y Santiago.
lunes 18 de enero de 2010
Lo que dejó la elección
El triunfo de Sebastián Piñera por 51, 61% contra un 48, 39% constituye la primera elección de forma democrática de un Gobierno de derecha, luego de Jorge Alessandri (52 años). Esta victoria indica el cansancio de los chilenos de 20 años de la Concertación, pero también habla de un par de cosas más. Aquí va lo que permitió que Piñera se haya convertido en el Presidente número 48 de la historia de Chile. También, aquí está lo que queda por hacer, en cuanto a política y en el bando perdedor.
Parece que la influencia de los votos nulos y blancos (284.369), cifra que correspondió al 16, 63% de los votantes de la primera vuelta fue de suma importancia para la victoria del abanderado de la Alianza. En esta segunda vuelta, la diferencia de un poco más de 3 puntos porcentuales, equivale a unos 242.127 votos, ya que cada punto es igual a 70.000 sufragios aproximadamente. Estos son datos que nos hablan de un margen estrecho, pero que valida y legitima al actual Gobierno. Nadie puede cuestionar este margen. Lo anterior evidencia que presumiblemente la mitad o tres cuartos de 42.242 pasaron a ser capital electoral del actual presidente electo.
Otro factor fundamental fue la atracción del 20% de los sufragios del candidato Marco Enríquez-Ominami. Seguramente, más de un tercio de los voto de Me – O se fue a las arcas de Peñera.
En este balotaje de ayer confirmó lo que hasta hace unos días era una suposición: quien lograra captar la mayor cantidad de votos nulos y blancos, se pondría la banda presidencial.
¿Y la política partidaria?
Lo anterior habla también de que debe haber una reestructuración de los partidos que forman el eje concertacionista, que incluya de una forma más activa al partido comunista y la “fuerza” que representó el voto marquista.
Siguiendo el ánimo de inclusión, la Concertación tiene mucho que agradecerle a su viejo compañero de elecciones, es decir, el PC, ya que el porcentaje de este último ha sido clave en los triunfos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, respectivamente. Asimismo, debe de renunciar el resto de los presidentes de los partidos que apoyaron la candidatura de Frei.
Ahora bien, hay que poner ojo en el nuevo partido de oposición que pretender crear Marco Enríquez-Ominami. Sin embargo, no es fácil crear un instrumento político sin tener parlamentarios, ni alcaldes. De todas formas, Enríquez-Ominami logró un histórico 20% en primera vuelta, lo que no había logrado ningún candidato que representase una opción independiente o minoritaria.
domingo 17 de enero de 2010
“Dos formas de ver Chile”
“Dos formas de ver Chile” fue la frase que lanzó el candidato de la Concertación Eduardo Frei Ruiz-Tagle, durante la primera vuelta. Frase muy buena y que sirve para graficar el momento coyuntural que vive el país.
Sin embargo, la oferta de “visiones” por desgracia no es mucha: Por un lado, está el ofrecimiento de cuatro años más de Concertación en el poder, y, por otro, la derecha hace rato que venía pidiendo cancha para hacer las cosas que hacen falta en el país. Esto suena bonito, al menos en teoría.
La gente manifestó su cansancio en las urnas. Pero, fue por un estrecho margen como era de esperarse. Para algunos puede ser lógico el triunfo del candidato de la alianza, ya que el conglomerado político que constituía el oficialismo hasta ayer, retuvo demasiado tiempo el poder y parecía no querer soltarlo. Lo anterior, provocó que el electorado le diera una oportunidad a la Alianza para ser Gobierno durante estos próximos cuatro años. ¿Qué es lo que hay que cambiar? La forma de ver Chile, para ser la respuesta más sensata.
Pero para ello hacen falta muchas cosas. Lo primero -quizás- es realizar mejoras sustanciales en educación. Aquí, la desmunisipalización es un paso vital junto con una fuerte inversión estatal en el sector.
Otro punto importantísimo es mantener los actuales planes sociales, pero sin caer en populismos como el bono de marzo prometido. No más pan y circo.
También, se debe mejorar al actual sistema de salud y de pensiones. Asimismo, realizar mejoras de fondo en el plan de transporte público (Transantiago), que sin duda, es uno de los mayores errores de la Concertación.
Además, es hora de cumplir la promesa de acabar con la delincuencia. No es posible que un estudio realizado por Adimark el 2009, muestre que en el 37% de nuestros hogares un miembro ha sido víctima de algún delito y 1 de cada 5 hogares haya sido víctima de algún delito más de 1 vez, según datos de julio de 2009. Lo anterior es representado por un el 8,9%. Lo otro que preocupa en esta materia es el sobrepoblamiento de las cárceles que cuenta con una población penal de 54.614 presos, cifra que se conoce gracias a gendarmería.
Es de esperar que la Alizanza por Chile, aproveche una de las mejores características de ser un Estado democrático: consolidar la alternancia en el poder como una vía fáctica.
Pero, el hecho de que haya salido electo Piñera y la opción de “cambio” que representa es precisamente la virtud de tener un Estado de derecho donde las instituciones funcionan como tanto les gusta decir a los políticos. La virtud de poder elegir democráticamente a las autoridades que queremos que guíen los destinos de Chile durante los próximos cuatro años. En definitiva, por una u otra forma de ver Chile. Es lo que hay.
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